Un camino para la integración

INTRODUCCIÓN

La espiritualidad es una dimensión compleja del ser humano, no alude solamente a la vida de oración, prácticas de piedad, entre otras, aunque se alimente de estas (Rech, 2004) , esto significa que es una dimensión más amplia, más integrada, más totalizadora. Atendiendo a esta misma característica de complejidad de la espiritualidad, me atrevo a proponer a continuación respuesta a los interrogantes planteados en el diseño de la actividad, presentándolos como opinión y argumento personal, tras una debida revisión crítica de la literatura, que en todo caso puede ser debatido y refutado.

Hablar de la espiritualidad, como dimensión compleja, presente a su vez en una criatura compleja, implica ya de por si un doble reto. Pues el ser humano, como criatura de Dios, ser humano, está influenciado por aspectos psicológicos, afectivos, biológicos, sociales y espirituales. Espero, entonces, que el texto y los interrogantes propuestos sean desarrollados atendiendo a la esencia del curso, y espero, además lograr el nivel de profundidad y crítica necesaria en el texto.

Imagen de: https://pixabay.com/es/cristianos-jerusal%C3%A9n-religi%C3%B3n-432075/

¿ES LA VIVENCIA ACTUAL DE LA ESPIRITUAL INTEGRADORA?, ¿EN QUÉ ELEMENTOS SÍ Y EN CUALES NO?

TESIS: la espiritualidad, en lo cotidiano,  no presenta una vivencia integradora. Si bien es arriesgado plantear esta tesis desde el comienzo del texto, quisiera presentar los siguientes argumentos:

  1. la vivencia de la espiritualidad, en la persona de a pie, obedece en la mayoría de los casos a la experiencia religiosa de cada uno, entendida esta, además, como subordinada a la orientación de la Iglesia (jerarquía y rito religioso).
  2. en la mayoría de los casos el ser humano no busca fortalecer la formación en aspectos espirituales, en el peregrino de a pie su práctica se limita al rito externo, si bien el Concilio Vaticano II abre una serie de posibilidades a los laicos, aún el tema no ha sido suficientemente explorado.
  3. en la mayoría de los casos se entiende espiritualidad como vida de oración únicamente o como celebración del rito, olvidando otras dimensiones del ser humano fundamentales.
  4. Se logra tener una visión de espiritualidad integradora en la medida en que se conoce su fundamento bíblico, en que el ser humano se ve como un único ser con diferentes dimensiones a la luz de la palabra de Dios, y ve la relación entre estas dimensiones, pero en la persona del común no hay una preocupación fuerte por estudiar sistemáticamente la Sagrada Escritura, ni la interrelación entre sus dimensiones constitutivas.
  5. No hay una clara política de formación de los laicos ejecutada desde la Jerarquía de la Iglesia y que permita COMPRENDER al laico de a pie lo que es una espiritualidad integradora, si bien hay esfuerzos de algunas iglesias particulares o pequeños movimientos, y documentos emanados de concilios y demás, no hay una preocupación generalizada de obispos y sacerdotes por formar los laicos.
  6. Aunque Colombia, en este caso particular y como ejemplo tomado para el análisis, es un país bastante religioso – católico, en muchas ocasiones se dan ejemplos de incoherencia entre vida cotidiana y vida de fe, ambas dimensiones, además de abarcar la totalidad de los aspectos del ser humano para hablar de espiritualidad integradora, deberían estar, también, simbióticamente relacionados, y esto debería evidenciarse en las relaciones sociales, coloco un ejemplo: la mamá que sale de la eucaristía y le miente a su hijo, argumentando que es una “mentira piadosa”, el político que se muestra como católico pero que no sigue los procedimientos establecidos para la celebración de un contrato, buscando algún beneficio personal.
  7. Una espiritualidad integradora implica, necesariamente, una presencia viva, real, y consciente del Espíritu Santo, pues “la espiritualidad Cristiana, es ante todo, un don del Espíritu” (Rech, 2004). Necesitamos una presencia CONSCIENTE, del Espíritu Santo en nuestra vida, que lo veamos realmente como parte del mismo Dios trinidad, que procede del Padre y del Hijo. Pero desafortunadamente en muchas ocasiones el Santo Espíritu de Dios es, como dice el título del padre Antonio Royo Marín “el gran desconocido” (Royo Marín, 1987). No lo invitamos a hacer parte de nuestra vida, esto sucede, sobre todo, entre cristianos católicos no formados, lo que llaman algunos autores como “religiosidad popular”, en cuyas prácticas los Santos de la Iglesia ocupan, en muchas ocasiones, un rol más importante.

¿CUÁLES SERÍAN LOS CAMINOS A RECORRER PARA QUE LO SEA?

Tesis 1: El principal camino que debemos empezar a recorrer es el de la INTEGRACIÓN, reconocernos como seres humanos finitos, cuyo deseo de lo infinito solo puede ser saciado por Dios. Seres humanos que saben de dónde vienen (Dios) y hacia dónde van (Dios), que se comprenden como seres humanos en proceso de integración, de verdadera unión de sus dimensiones constitutivas en el Espíritu, lo cual implica:

  1. Tener una visión (una idea) holística del ser humano (cuerpo y alma) como unidad.
  2. Buscar la integración (la acción) de todo nuestro ser: “corporeidad, afectividad, espiritualidad, racionalidad, relaciones” (Rech, 2004)

Tesis 2: Para lograr la integración (una idea que se vuelve acción) se necesita de una debida formación y de una fuerte oración. Somos cuerpo y alma, seres con capacidad de razón en búsqueda permanente de Dios, necesitamos, entonces, para llegar a una espiritualidad integradora:

  1. Un debido proceso de formación: es necesario tomar consciencia de lo que es una espiritualidad integradora para que esto realmente se pueda dar, poner nuestra razón (logos) al servicio de nuestra vida de fe, formarnos, ya lo decía el Santo Padre San Juan Pablo II en su famosa encíclica,

“La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo (cf. Ex 33, 18; Sal 27 [26], 8-9; 63 [62], 2-3; Jn 14, 8; 1 Jn 3, 2).” (Juan Pablo II, 1998)

  1. Una fuerte vida de oración en el Espíritu: Dios nos creó como seres humanos libres, en esa libertad el hombre dice SI o dice NO a la revelación de Dios, a su llamado, Dios sale al encuentro del hombre, “mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Apocalipsis 3, 20), pero necesita una respuesta afirmativa de parte de este. Una vida de oración permite que el Santo Espíritu de Dios entre en nuestra vida, transforme, libere, cambie.

¿CUÁL ES LA IMPORTANCIA DEL CUERPO EN LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA, Y POR QUÉ?

Juan Pablo II desarrolló un hermoso tratado, muy interesante relacionado con la teología del cuerpo y en la misma Sagrada Escritura encontramos numerosos llamados a reconocer la importancia del cuerpo “¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? (1 Corintios 6, 19). El cuerpo es el medio dado por Dios para estar en el mundo creado por ÉL, para relacionarnos con los demás, para ser cristianos, somos espíritus encarnados, y este cuerpo, templo del Espíritu Santo, nos permite una multidimensionalidad compleja, construida sobre la base de una experiencia de vida, de una sucesión de hechos, de pensamientos, de relaciones, de personas.

Todo nuestro ser, físico, afectivo, espiritual, está interrelacionado, como un gran sistema. Si presentamos dificultades en alguno de estos “subsistemas” se verá reflejado en los demás, este fenómeno es llamado por los profesionales de la psicología como somatizar, es decir, reflejar en nuestro cuerpo físico las dificultades que se presentan a nivel afectivo, espiritual, psicológico.

Nuestro cuerpo es, entonces, un “espacio existencial donde acontece la vida” (Rech, 2004). El cuerpo debe ser, además, espacio vital de libertad, medio para la libertad, para alejarnos de aquello que nos genera esclavitud y vivir la auténtica libertad en El Señor, un cuerpo contingente y finito que nos permite buscar auténtica libertad en el único ser infinito e incontingente: Dios nuestro Creador y Señor. Nuestro cuerpo debe permitirnos ver, con auténtica fe y sinceridad el rostro divino de Dios en el cuerpo mortal de nuestro hermano, en medio de su debilidad, de sus pecados, de sus errores, de su humanidad, ver a Dios en el hombre, “descubrir el rostro de Dios presente en nuestra realidad” (Rech, 2004).

Referencias

Juan-Pablo-II. (1998). Carta Encíclica Fides et Ratio. Retrieved from http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html

Rech, H. T. (2004). Espiritualidad: Un camino para la integración. Diakonia, (111), 70–89. Retrieved from http://www.uca.edu.ni/diakonia/Documentos/Diak-111/Espiritualidad 111.pdf

Royo Marín, A. (1987). El gran desconocido: El Espíritu Santo y sus Dones (Sexta). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. Retrieved from http://www.traditio-op.org/biblioteca/Royo-marin/El_Gran_Desconocido_El_Espiriritu_Santo_y_Sus_Dones.pdf

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