Finalidad Salvífica de la Creación

Introducción

Hablar de creación y de salvación es hacer referencia a una historia concreta. La historia de la relación de Dios con su pueblo, desde la misma creación relatada en el génesis hasta la actualidad, donde el Señor Dios continúa haciendo al ser humano cuando éste le abre su corazón y lo invita a hacer parte de su existencia, nuestro Dios es un Dios actual, vivo, que interviene en la historia, que se hace cercano al hombre, no es un ídolo que exige sacrificios, sino un Dios que crea como don, de manera gratuita, y que crea para la vida. Desde el Antiguo testamento y de manera más específica con el génesis, donde comienza la creación de todo, hasta la venida de Jesucristo (nueva alianza), Dios hecho hombre, que llega para dar plenitud a la existencia, interviene en la historia humana. El Dios que crea al ser humano no es ajeno a su historia, no está en un lugar lejano, no es un desconocido, es un Dios que entra en la historia del hombre para salvarlo, primero lo saca de Egipto y lo lleva al desierto, luego, con Jesucristo, nos saca a todos del pecado y nos conduce hacia una vida en Cristo, una vida plena, una vida en gracia.

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Dios crea al hombre por amor, por gracia y lo crea no para la muerte sino para la vida. Esta verdad que es ya comunicada en el Antiguo Testamento (“En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra” Génesis 1,1) llega a su plenitud en Jesucristo y aparece en el nuevo testamento, “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” Juan 10, 10. Esta abundancia implica ya, de por sí, la salvación del hombre, no es una vida pasajera solo de este mundo, es una vida que trasciende, que supera la muerte biológica.

El ser humano es creado en Cristo. En el génesis podemos ver como Dios crea todo cuanto existe, este hecho es conocido como la primera creación, pero vemos en el Evangelio de Juan como, al comienzo se presenta la nueva creación a través de una estructura literaria similar a la creación del génesis, día a día Dios va haciendo al hombre, esta nueva creación que se da con Jesucristo busca dar plenitud al ser humano.

En el Antiguo Testamento

Dios crea todo cuanto existe (cielo y tierra, como totalidad) “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” (Gn 1,1), desde el mismo comienzo de la historia, Dios además de crear al hombre piensa en su salvación, creación y salvación son dos realidades que parten del mismo Dios y que siempre estarán unidas.  Crea, además, la humanidad como centro de su obra “Dijo Dios: hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza” (Gn 1,26), hombre y mujer como criaturas de Dios, creados a su imagen y semejanza, es decir, seres capaces de Dios, que reciben por voluntad del Padre dominio sobre todo lo creado, toda su obra es puesta al servicio de hombre y mujer “Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la faz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva frutos de semilla. Todo ello os servirá de alimento” (Gn 1, 29).  Cuando decimos que somos creados a imagen y semejanza de Dios tal vez no alcanzamos a comprender la magnitud antropológica Y teológica de tal afirmación, la implicación para nuestra existencia,  imagen y semejanza es profundamente parecidos a Dios, que es puro espíritu, no se habla de una semejanza física, no significa que Dios tenga rasgos humanos, se hace referencia al Espíritu, pues el ser humano es, además de cuerpo, espíritu, que viene directamente de Dios.

Dios llega para darnos vida, desde el primer relato del génesis así se puede afirmar “la tierra era caos, confusión” (Gn 1, 2) Dios crea sobre ese caos y lo convierte en orden, nos muestra de esta manera su victoria sobre la muerte, ante el caos y la ausencia de vida, Dios llega para crear, para iluminar nuestra existencia, para dar vida, solo con su palabra crea y ordena todo cuanto existe, su creación supera el caos.

¿Cuántas veces no hemos experimentado, en ausencia de Dios, el caos y la desesperanza en nuestra vida?, ¿cuántas veces nos hemos sentido solos, alejados de Dios, y nos experimentamos abandonados, como ante el abismo y la oscuridad?, al igual que en el relato de la creación, la presencia y la palabra de Dios dan luz, vida y orden a todo cuanto existe, así en nuestra vida la presencia del Señor nos llena de esperanza, ilumina nuestra existencia, nos da un sentido.

Esa presencia permanente, esa obra creadora de Dios (Sal 19), ese actuar de Dios entre su pueblo es alabado (Sal 9), agradecido e invitado en los salmos, el pueblo agradece la presencia permanente de su Dios a lo largo de la historia, agradece su gracia y su amor (Sal 118), Dios no es un ser lejano, no es un ídolo que exige sacrificios, Dios es amor y generosidad pura que viene a la vida del ser humano, de manera personal, para dar, es un Dios personal, cercano.

Los Salmos son una enorme fuente de conocimiento sobre el obrar de Dios en el mundo, y a su vez en la vida de cada uno, realizar oración con los salmos, con el corazón dispuesto, permite que Dios continúe haciendo al hombre, “feliz el hombre… que pone su amor en la ley del Señor” (Sal 1,2). Ese “pone su amor”, es dedicar su entendimiento, su voluntad al conocimiento de la Palabra del Señor y ponerla por obra, hacerla vida, práctica. Es poner todo nuestro ser en función del reino de Dios, desde la razón y desde la fe, pues no puede haber coherencia en una vida sin fe y con razón o sin razón y con fe, “La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.” (Juan-Pablo-II, 1998)

En los Salmos Dios manifiesta a su pueblo el deseo de continuar cuidando de él, protegerlo, ayudarlo. El señor nos invita para que pongamos nuestra confianza en ÉL, que es un Dios compasivo y misericordioso, no un Dios de cólera ni de ira (Sal 51), sino un Dios de amor y justicia (Sal 50).

En el libro de la Sabiduría también se reconoce el rol creador de Dios “ÉL hizo a los grandes y también a los pequeños, y se preocupa de todos por igual” (Sab 6,7), el ser humano reconoce el Señorío de Dios y su capacidad de intervenir en la historia, un Dios vivo y real que entra en contacto con su criatura, no es un ídolo sino un verdadero Dios, Señor y Creador de todo cuanto existe.

En el Nuevo Testamento

“Como un presupuesto fundamental es preciso señalar desde el comienzo que el misterio cristiano es uno solo: Dios, que se nos ha autocomunicado definitivamente en Jesucristo para nuestra salvación” (Arteaga M, 2001). Jesucristo es el culmen de la creación y la salvación, pues a través de ÉL Dios continúa dando vida “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10, 10), esa “vida en abundancia” es la vida eterna, que obedece al designio salvador que Dios tiene para su pueblo, desde el mismo momento de la creación Dios pensó la salvación para el hombre, la vida eterna “Dios nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para que vivamos ante él santamente y sin defecto alguno, en el amor” (Efesios 1, 4),  Además ha sido enviado por el Padre para salvarnos a todos del pecado y darnos vida nueva, “yo no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores, para que se vuelvan a Dios” (Lucas 5, 32), pues el pecado es muerte y la gracia de Dios es salvación y vida en abundancia.

Ya se expresaba en la introducción del texto la forma como San Juan presenta una nueva semana de la creación, al igual que en el génesis, en San Juan puede verse como se desarrolla la “nueva creación” día a día durante una semana, así como en el génesis se relata la primera creación (la de la carne), en la nueva alianza (testamento) se relata la creación del espíritu (nueva creación).

Es importante mostrar la afirmación que hace San Juan sobre la existencia de Jesús antes de todas las cosas “en el principio ya existía la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dio y era Dios” (Juan 1,1).Nuestro Señor Jesucristo vino para sellar la nueva alianza de Dios con su pueblo, “ese es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1, 29) y es precisamente a través de su sangre, de su pasión, muerte y resurrección que Dios se hace presente en el mundo, de manera definitiva, para salvarnos a todos del pecado, “no es como los otros sumos sacerdotes, que tienen que matar animales y ofrecerlos cada día en sacrificio, primero por sus propios pecados y luego por los pecados del pueblo. Por el contrario, Jesús ofreció el sacrifico una sola vez y para siempre, cuando se ofreció a sí mismo” (Hebreos 7, 27).

REFERENCIAS

Arteaga M, A. (2001). “Creación y Salvación” La creación como fundamento de la salvación cristiana. La salvación como plenificación de la creación de Dios. Teología Y Vida, 42(1–2), 05–19. Retrieved from http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0049-34492001000100002&lng=es&nrm=iso&tlng=es

Juan-Pablo-II. (1998). Carta Encíclica Fides et Ratio. Retrieved from http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html

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